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El jueves me escribió Joaquín y me dio la noticia: me iba a invitar a mi primer Sofar, había sido elegido y podía llevar a un acompañante. Sin embargo, cuando se lo conté a una amiga, no se entusiasmó mucho con la idea y me dejó pensando:

—Hoy voy a ir a mi primer Sofar.

—¿Qué es el Sofar?

—Tocan tres bandas en una casa.

—¿Y qué tiene de especial? Eso pasa en cien lugares iguales en La Plata todo el tiempo.

—Tenés razón. Después te cuento qué tiene de diferente.

El concepto de Sofar (acrónimo inglés de Songs from a room, canciones desde una habitación) surgió en Londres en marzo de 2009. Rafe Offer, Rocky Start y Dave J. Alexander fueron a un concierto pero se fueron molestos, debido a que la gente hablaba y tapaba a los artistas. Botellas chocándose, risas, ringtones metálicos y pisotones: así no se puede escuchar música.

Entonces decidieron invitar a ocho amigos al departamento de Alexander en el norte de Londres y armaron el primer show de Sofar, que desde entonces creció exponencialmente y hoy cuenta con locaciones itinerantes en más de 387 ciudades de todo el mundo. La idea es sencilla: escuchar tres bandas en una casa. La casa y las bandas deben postularse en la página del Sofar, al igual que los asistentes, que deben guardar silencio cuando tocan los artistas. Las bandas no se develan hasta que los asistentes llegan al lugar. En el Sofar, el misterio es una constante.

Afortunadamente, el Sofar llegó a La Plata en octubre del 2016 y la del sábado fue la edición número once de este evento en la ciudad capital de la provincia. La casa seleccionada quedaba en Villa Castells, a la vera de las vías del tren. Nos recibió un patio muy bien decorado, una inesperada briza primaveral y dos labradores muy juguetones. La reunión comunitaria musical hipster ya estaba en marcha.

La primer banda en desfilar por el sencillo escenario estaba compuesta por un talentoso cantautor de Vigo, una segunda guitarra (tocada por un comediante a la vez que músico) y un tímido pero efectivo saxofonista de simpáticos coros.

Samuel Levi tiene una voz muy lograda y versátil, aunque sus letras eran las típicas de un enamorado empedernido. Debo admitir que soy alérgico a los clichés amorosos, por ende mi opinión está totalmente viciada. Sin embargo, los tres nos hicieron pasar un grato momento entre risas y copas de malbec.

El segundo trío en subir al escenario estaba compuesto por una guitarra, un cajón peruano y un contrabajo. Siempre es agradable escuchar a alguien tocar el contrabajo, sobre todo si eso que toca es jazz. Con la caída del sol, la briza se convirtió en viento y la primavera en otoño. Los chicos de Matías Naza trío nos tocaron un jazz-blues-rock y uno de sus temas me hizo acordar muchísimo a Superstition de Stevie Wonder. Blues con ritmo pegadizo y contagioso, muy bien sincronizado y bien trabajado.

 

 

 

Luego de unas cuantas copas de vino y sin comida en el estómago, la gente se soltó y el ambiente lentamente se convirtió en lo que esperaba del Sofar: ambiente comunitario y artístico de charlas desinhibidas. Las hijas de los dueños de casa siguieron mimoseando y malcriando a los labradores durante toda la noche, y mi amigo Joaquín finalmente consiguió una campera para no morir de frío.

En su cuarto tema, al guitarrista casi se le vuela la guitarra y eso me hizo reflexionar sobre el clima: a veces es lindo cagarse de frío controladamente, ver cómo se sacuden las ramas de los árboles y se te enreda el pelo y se te despabila la modorra de la cara. Los dueños de casa, corteses y sonrientes, trajeron frazadas para todos.

La banda se despidió entre aplausos, todos recargamos las copas y subió ellaLucía Tacchetti tiene una hermosa voz, es muy bonita y contagia su simpatía. Más allá de algunos problemas tecnológicos con las consolasLucía pudo desplegar su pop de guitarra aristimuñana y de sintetizadores. La noté honesta en sus letras y en sus intenciones: “solo sé sonreír y sentir”.

 

 

 

 

Para cuando Lucía terminó de tocar, ese patio ya era una reunión de veinte amigos hablando de música y de proyectos independientes. El Sofar, sin dudas, intenta reforzar los lazos sociales, partiendo del entendimiento mutuo que se genera a través de la experiencia musical. Nos proponen abrirse a la música nueva y disfrutar de esa música ofreciendo el silencio que tanto aprecian los artistas. Los principios fundacionales del Sofar tuvieron eco este sábado en La Plata. Espero que en el próximo evento pueda ser yo quien invite a otra persona por primera vez. Hasta entonces, mantendré los dedos cruzados.

 

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