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Después de haber pasado por Bangkok y por Kuala Lumpur, Singapur fue la tercera megalópolis que visité en el Sudeste Asiático y me convenció de una idea que venía madurando: las ciudades grandes lo tienen todo, pero a veces es difícil encontrarlo. En las ciudades grandes hay que tener paciencia, las distancias son más pesadas y largas, y por eso es necesario dedicarles más tiempo. Sentía que tal vez Singapur podía ser una ciudad-estado de “plástico”, pero nada más alejado de la realidad.

LA BIENVENIDA

Me hicieron sentir el pasaporte argentino en la frontera, llegué de noche, el hostel quedaba lejos, bienvenidos a Singapur. En mi pieza ya dormían todos, a mi amigo le robaron las tarjetas y el efectivo, tuvimos que ir a radicar la denuncia a pie, ¿recién llegaron de Malasia? Bienvenidos a Singapur. Volvimos, dormimos, ¿puede contarme de nuevo lo que pasó?, por supuesto, oficial, me llegó una traducción re embolante, Dami, ¿es su primer día aquí? ¡Bienvenidos a Singapur!

Nuestra llegada a la diminuta ciudad-estado no fue auspiciosa: a mi amigo Damián Almúa le robó las tarjetas y una parte del efectivo un neozelandés (que también le robó a sus nuevas “amigas” finlandesas). A mí me llegó una traducción sumamente aburrida sobre medicina. Entre la denuncia, la ratificación y la traducción perdimos un día y medio. Una vez que cumplimos con la burocracia, pudimos finalmente explorar las curiosas calles de Singapur.

EL HISTÓRICO PUERTO COMERCIAL

La pequeña ciudad-estado ubicada estratégicamente en el estrecho de Singapur (a 1 ° sobre la línea del Ecuador) conformó una parada obligada para el comercio prácticamente desde que esa palabra fue inventada. Del comercio mundial vive en gran parte hoy Singapur, que tiene una historia multicultural muy interesante.

El nombre Singapur proviene del sánscrito y significa la ciudad del león. Alrededor del siglo XIV, este territorio estaba gobernado por reyes del Imperio Mayapajit y Siamés. En 1819, Sir Thomas Stamford Raffles tomó el control de la isla y estableció un puerto británico que durará hasta la Segunda Guerra Mundial. Los japoneses tomaron el control de la isla pero debieron retirarse debido a la derrota en manos de los Aliados. Luego, se sucedieron períodos de inestabilidad, con gobiernos internos y una anexión a Malasia que duró tan solo dos años. En 1965, luego de siglos de control externo, la República de Singapur declaró su independencia.

LA REESTRUCTURACIÓN DE UNA NACIÓN

Pero debido a que Singapur es un país muy chico y no tiene recursos naturales, el gobierno tuvo que realizar reformas económicas y sociales muy profundas: desarrollaron el sector industrial, afianzaron al país como un paraíso fiscal, invirtieron en educación pública, construyeron un nuevo puerto y un aeropuerto (que hoy en día son de los más transitados del mundo) y se posicionaron como un destino turístico mundial. También recrudecieron las penas y los castigos; durante los años 1994 a 1998, Singapur fue el país que más gente ejecutó por habitante del mundo (242 personas en total según datos oficiales).

Esas medidas dieron resultado y hoy es el país con el tercer Producto Bruto Interno por habitante del mundo. También es el tercer país más poblado por metro cuadrado del mundo y cuenta con una diversidad étnica, lingüística y religiosa admirable. Tiene cuatro idiomas oficiales (inglés, malayo, mandarín y tamil), cinco religiones mayoritarias (Budismo, Cristianismo, Islam, Taoísmo e Hinduismo) y tres grupos étnicos mayoritarios (chino, malayo e indio).

LOS BARRIOS HISTÓRICOS

La mejor forma de entender cómo funciona Singapur es recorrer sus diferentes barrios. Con Dami empezamos por el barrio chino (Chinatown) y recorrimos sus coloridos puestos: decoraciones y lámparas, remeras, gatos de la suerte y, por supuesto, mucha comida. El pato rostizado, los palitos de cerdo y de pollo, y la pastinaca (raya con púa) son los platos más populares, y se consiguen por algunos dólares singapurenses. Aquí también se encuentra el restaurant con estrella Michelin más barato del mundo: se llama Liao Fan Hong Kong Soya Sauce Chicken Rice and Noodle y sirve platos por USD 1.5.

Con la panza llena, nos fuimos hasta el Templo de la Reliquia del Diente de Buda. En este precioso templo Budista de cuatro pisos, se exhibe un diente de Buda (encontrado en Myanmar en el año 1980) en una estupa de oro de dos metros. El mítico salón central, con hipnóticos detalles dorados y rojos, nos sugirió sentarnos a repensar nuestra espiritualidad. Y nosotros tomamos la sugerencia con los brazos abiertos.

Pero al recorrido por los barrios le faltaba un poco de color y otra pisca de sabor, entonces nos fuimos para la Pequeña India de Singapur. En este tumultuoso barrio, los colores estallan por todos lados, pero se pueden apreciar de manera más concreta en el templo Sri Veeramakaliamman y en la casa Tan Teng Niah. En el templo hay cientos de estatuas de deidades hindúes apiñadas una al lado de la otra. La casa no es de origen indio, sino chino, pero los indios la tomaron, la redecoraron y hoy la muestran con orgullo. Un biriyani de pollo con unos naan y descansemos un poco que estoy muerto.

Con energías renovadas gracias al picante indio, nos fuimos hasta el tercer barrio del día: el barrio árabe (o Arab Street o Arab Quarter o Kampong Glam). En este barrio se encuentra la impresionante y lujosa Mezquita del Sultán, que fue construida en el año 1825. Las calles de este barrio son ideales para perderse y aprender un poco de la cultura musulmana. La mayoría de los residentes de esta área son comerciantes descendientes de malayos, indios, turcos, libaneses, egipcios e indonesios que venden telas, especias, alfombras, saris, perfumes y cueros. La especialidad, sin embargo, es el teh tarik (té tirado), un té negro mezclado con leche condensada que se sirve trasladando la bebida varias veces entre dos tazas en el aire.

LA OCCIDENTALIZACIÓN DE SINGAPUR

El recientemente establecido gobierno de la República de Singapur sabía que sin recursos naturales no podía lograr la estabilidad económica, entonces abrió las puertas del país a capitales extranjeros. Junto con estas nuevas oleadas de capitales extranjeros también vinieron los extranjeros (sobre todo europeos) y la arquitectura occidental penetró en la isla. Singapur se convirtió en uno de los países más cosmopolitas del mundo y esto se nota con mayor claridad en el distrito financiero.

El distrito financiero de Singapur se concentra alrededor de la Bahía de la Marina. Cuando salí del metro y miré hacia arriba, me sentí en Nueva York o en Kuala Lumpur o en Londres: edificios enormes vidriados, calles prolijamente decoradas, diseños arquitectónicos audaces y él… Ahí estaba él, con su extraña y peculiar forma, con sus palmeras en lo alto. Ahí estaba él: el complejo multipropósito integrado Marina Bay Sands.

Las Vegas Sands fue la empresa encargada de construir uno de los proyectos más complejos de la historia moderna. La tierra donde se construyó el complejo es tierra reclamada al mar, entonces un tercio del tiempo de construcción se dedicó a asegurar las bases del edificio. Una vez que las bases estaban seguras, se instalaron las tres torres (que tienen un lado recto y otro curvo). Finalmente, se colocó el barco que se apoya sobre las tres torres y el 23 de junio de 2010 (luego de tres años de construcción) se realizó la inauguración oficial. El complejo cuenta con 2.560 habitaciones, un centro de convenciones y exposiciones, un centro comercial, un museo de arte y ciencia, dos teatros, seis restaurantes y un casino. La idea del gobierno era cambiar la cara de Singapur con este edificio; por supuesto, lo consiguieron.

Todos los días, en la explanada ubicada frente al Marina Bay Sands, tiene lugar un despliegue descomunal de luces y de agua. El show es gratuito y se llama Spectra, y refleja la historia multicultural de Singapur y su mirada futurista. Por detrás del hotel están los Jardines de la Bahía (Gardens by the Bay). Los inconfundibles árboles artificiales se yerguen majestuosos y también ofrecen un show de luces todas las noches que también es gratuito. El entretenimiento es cuestión de estado en Singapur…

Pero la estrella del Marina Bay Sands no son sus luces de neón ni sus negocios de ropa, sino la piscina desbordante (infinity pool) ubicada en la terraza. Para acceder a la piscina hay que estar alojado en el hotel (las habitaciones más baratas cuestan alrededor de 300 dólares), pero se puede acceder a la terraza del Marina Bay Sands que sin dudas tiene la mejor vista de todo el país. Una opción es pagar 17 dólares para acceder a la terraza de observación. La otra opción es vestirse de manera elegante y subir al bar Cé La Vi para disfrutar de un trago (y de la vista, por supuesto) en el Sky Park del Marina Bay Sands.

Uno de los edificios que más me llamó la atención en Singapur es el Museo de Arte y Ciencia. Este edificio con forma de flor de loto de diez pétalos irregulares está ubicado también al frente del Marina Bay Sands, y cuenta con exposiciones permanentes y temporales. La exposición permanente es una de las más impresionantes que vi en mi vida. Las salas te sumergen en un universo digital basado en cuatro pilares: la naturaleza, la ciudad, el parque y el espacio. En este enlace pueden ver un ejemplo de lo que encontrarán allí dentro.

Por último, pero no menos importante, Singapur cuenta con su propio Estudios Universal. En palabras de mi amigo Nicolás Milano, que lo visitó el año pasado, la experiencia podría describirse de la siguiente manera: “Me pareció un lugar increíble. El parque es pequeño en comparación con otros Universal Studios; por ende, es ideal para recorrerlo en una tarde, ya que en ese tiempo podés pasar por todos los juegos (sobre todo si vas en un día de semana) e incluso repetir algunos. La temática de las películas está muy bien lograda.”.

TAMBIÉN HAY ÁRBOLES DE VERDAD

Cuando te canses de caminar entre tanto cemento y hormigón armado, una vez que te encandilen las luces y necesites respirar un poco de aire fresco, hay cuatro lugares a los cuales podés escapar en Singapur. El Parque Fort Canning es el corazón verde de Singapur. Sus senderos te pueden llevar a la casa que construyó Raffles cuando gobernó la isla, o al fuerte que construyeron los británicos, o al complejo de túneles subterráneos Battle Box que se utilizó durante la Segunda Guerra Mundial, o a la tumba del último sultán de Singapur. Si vas en verano, incluso podés tener suerte y encontrarte con algún concierto al aire libre. Desde la cima del parque se puede apreciar la inmensidad del distrito financiero y los rascacielos que decoran la línea del horizonte.

Los Jardines Botánicos de Singapur se encuentran en la lista de Patrimonios de la Humanidad de UNESCO desde el año 2015. Desde su creación, en el año 1859, los jardines formaron una parte importante de la economía de Singapur, ya que desde aquí se promocionó el cultivo de árboles de caucho en toda la península malaya. Los jardines también son famosos por sus colecciones de flores: cuentan con la colección de orquídeas más grande del mundo, con 1.200 especies y más de 2.000 especies de híbridos.

La Isla Sentosa está ubicada en el extremo sur de Singapur y es el hogar de decenas de parques de diversiones (entre los que se encuentra Estudios Universal). La isla también es el hogar de una de las estatuas más impresionantes del país: el Merlion, una criatura imaginaria con cabeza de león y cuerpo de pez de 37 metros de altura. El calor siempre juega un rol importante en este país; por eso, las tres playas de esta isla pueden ser una escapatoria ideal. Las playas Siloso, Palawan y Tanjong se encuentran muy cerca, y por la noche hay bares y restaurantes con vista al mar.

La isla Pulau Ubin (o Isla Granito) también merece una visita y está ubicada en el extremo noreste del país. Se pueden recorrer los senderos de la isla en bicicleta o a pie y un recorrido promedio, que atraviesa playas, manglares y plantaciones de caucho, dura aproximadamente 3 horas. Este video te puede servir de inspiración:

 

LA COMBINACIÓN PERFECTA ENTRE LA NATURALEZA Y LA OBRA DEL HOMBRE

En nuestra última noche en Singapur, lo acompañé a Dami a fotografiar el Marina Bay Sands de noche. El monstruo marino de hormigón y vidrio siempre posa para las fotos con su mejor vestido. Pero esa noche era especial: una tormenta monzónica se posaba sobre nuestras cabezas y amenazaba con estallar en cualquier momento con toda la furia de sus truenos y de sus rayos. La idea, justamente, era captar algunos de esos rayos detrás del mítico edificio. Dami intentó varias tomas, pero no pudo conseguir la foto que buscaba. La tormenta empeoró y empezaron a caer las primeras gotas. No nos queríamos ir sin la foto, pero tampoco podíamos arriesgarnos a que el equipo se moje. Dami intentó tomar la última foto con larga exposición. Justo en ese momento, un gigantesco rayo dividió al cielo en dos, y luego otro rayo más iluminó el cielo de Singapur. La tormenta desató toda su  furia y tuvimos que correr a guarecernos debajo de un puente.

Completamente empapados, nos tuvimos que quedar allí debajo por dos horas, ya que la tormenta solo incrementaba su intensidad. Una familia de descendencia india nos compartió la poca comida que tenían y eso nos calentó el estómago y el alma. Cuando llegamos al hostel, finalmente pudimos ver la foto. La proeza estaba realizada; la foto ganó varios premios en concursos nacionales e internacionales. Ese día, la naturaleza nos mostró como puede combinarse de manera espectacular con las obras del hombre. Ese día, también, confirmé una de mis frases de cabecera: el que la sigue, la consigue. Singapur fue mucho más que edificios modernos: fue cultura, fue naturaleza, fue sorpresa y fue arte. Dami lo inmortalizó con esta obra de arte.

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