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Querido Panchito:

 

Ya que fuiste un fervoroso usuario de los servicios postales, hoy, en el día en que nos juntamos para homenajearte, para recordarte, me gustaría dedicarte estas líneas para ponerte al corriente sobre lo que está pasando en la que fue tu casa y en la que fue tu ciudad.

Muchachito delicado, de visión cándida y lúgubre, de ademanes cálidos y sensibilidad extrema, tú sentirías, al caminar las mismas calles que pisaste cuando niño, que tu ciudad está sumergida en lo que tú llamarías un «agosto casi septiembre». Porque todavía no estamos en el mes de las rosas, todavía falta para que su blancura nos enceguezca; pero el viento ya acarrea otro olor y los cielos, cargados de esos objetos que tanto adoraste, como mantos porosos y maleables, empiezan a filtrar los ases de oro que tanto añoraste. Hablo de arte, Panchito, hablo de arte: la ciudad rebrota y, de a poco, se asemeja a los jardines que tanto admiraste.

Tal vez no encuentres en los ojos de los artistas la misma sensibilidad que desplegaste en tus versos: pocos pintan rosas, Panchito, pocos pintan rosas. Ya no se esgrimen elegías, Panchito, ya no se esgrimen elegías. Esa visión dominical, melancólica, familiera y sacra ya no le pertenece a los que, como tú, empuñan la pluma para cantar su yo interior. Pero no te aflijas, Panchito, porque septiembre está llegando y trae nuevas flores, nuevos aromas y nuevas esperanzas.

La casa rebrota, Panchito, y se llena de colores que te recuerdan, de sonidos que te rememoran y de figuras que te invocan. Esta casa que hoy es tu símbolo, pero que tan poco tiempo disfrutaste, se convierte en un símbolo que incluso te supera: ese rebrote, Panchito, ese rebrote. No pintan rosas, pero te pintan; no le cantan a la lluvia, pero la recrean; no silban tus lamentaciones, Panchito, pero las sienten, te lo aseguro.

Entre tus libros viejos y amarillentos se oyen pisadas: es el rebrote, Panchito, es el rebrote. La casa y la ciudad, esos lugares que construiste a través de tus versos, esos lugares que nos legaste gracias a tus versos, todavía murmuran tu nombre. Hoy, en el día en que nos juntamos para homenajearte, para recordarte, me gustaría dedicarte estas líneas para ponerte al corriente: tendremos otra forma, Panchito, de expresarnos y de sentir, pero tu voz sigue presente, Panchito, sigue presente.

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