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Llegamos a la época del año en la cual todos deberíamos estar un poco más relajados ya que muchos tenemos vacaciones pero, muy por el contrario, andamos alterados, a las corridas, desesperados por llegar rápido de un lugar a otro, urgidos por la necesidad de comprar regalos. Navidad llega con calor en este hemisferio en el cual hay muchos católicos y muchos otros no católicos; la razón por la cual los no católicos celebran el nacimiento de Jesús siempre me pareció una incógnita.

Sin embargo, ya siendo adulto (y uno muy preguntón), empecé a prestarle atención al simbolismo asociado con la Navidad: el pino con los adornos rojos y blancos, los regalos envueltos en papel rojo y blanco debajo del pino, Papá Noel(o Santa Claus) entrando por la chimenea con una bolsa de regalos (sí, también, rojos y blancos) y la estrella en la punta del árbol de Navidad. ¿Jesús habrá planteado, en sus primeros cumpleaños conscientes, que le gustaban los pinos y los regalos, y por eso decidieron celebrarlo de esta manera? Pareciera que no.

De hecho, Jesús ni siquiera nació el 25 de diciembre. En ningún versículo de la Biblia se menciona su fecha de nacimiento. Esta fecha fue elegida por el Papa Julio I en el año 350 D.C. para reemplazar y amalgamar el festejo del “supuesto” nacimiento de Jesús con los festejos paganos que se llevaban a cabo en el Imperio Romano en aquellos tiempos, por ejemplo las Saturnalias. En el hemisferio norte, durante el solsticio de invierno, los pueblos escandinavos y germánicos realizaban banquetes y encendían fogatas para brindarles su energía al dios Sol, del cual dependían para su vida cotidiana. Esta celebración llevaba el nombre de Yule y, como veremos, está muy emparentada con la celebración navideña actual.

 

 

La evolución de Santa Claus

 

La evolución de la figura de Santa Claus esconde las claves para descifrar el enigma del nacimiento del festejo de la Navidad. En el solsticio de invierno (21 de diciembre), los pueblos del norte de Europa y Asia celebraban el Yule, una festividad en la cual estas tribus (sobre todo los itelmenes y los koriakos de Siberia) salían a recolectar un hongo llamado amanita muscaria ayudados por sus renos que tiraban del carro. Este hongo es rojo y blanco, y crece solamente debajo de los pinos. Los chamanes, vestidos también de rojo y blanco, los recolectaban, los secaban dentro de las medias y luego los repartían a los habitantes de las tribus. Regalos rojos y blancos, pinos, medias con regalos, chamanes barbudos vestidos de rojo y blanco, renos… ¿Cómo entregaban los regalos? Debido a que la nieve cubría la entrada de las tiendas, los chamanes tenían que entrar por la chimenea. ¿Les suena familiar?

 

 

 

 

Según James Arthur, autor de Mushrooms and Mankind, esta tradición pagana se llevaba a cabo para lograr la conexión espiritual con la naturaleza y con uno mismo. Al consumir estos hongos, las personas experimentan una fuerza descomunaleuforiaclaridad de pensamiento y una conexión con el reino espiritual muy profunda. Los renos también comen este hongo y el efecto es exactamente el mismo: saltan con tanta energía que parece que volaran. También suena familiar, ¿no?

En la tradición germánica, esta figura aparece con el nombre de Odin y, más allá de que algunas de sus características son diferentes, otras permanecen intactas. Luego, los druidas llevaron estas creencias hacia Inglaterra donde se enraizaron y se expandieron a otros rincones del mundo.

 

 

 

 

Si avanzamos en el tiempo, nos encontraremos con la figura de San NicolásSan Nicolás fue un pastor ortodoxo-griego que vivió en el actual territorio de Turquía alrededor del año 300 D.C.. Este pastor era reconocido por su solidaridad y se convirtió en una leyenda cuando entregó una bolsa llena de monedas de oro a un hombre pobre que estaba a punto de entregar a sus hijas como esclavas por falta de dinero.

Sin embargo, el Santa Claus que conocemos hoy empezó a tomar forma cuando esta figura llegó a Holanda. La celebración de San Nicolás (Sinterklaas en holandés) viajó al actual territorio de Estados Unidos cuando los holandeses migraron hacia Nueva York (que en ese entonces se llamaba Nueva Ámsterdam). Muchos años después, Washington Irving nombró a Santa Claus patrono de Nueva York.

 

 

 

 

Pero para que la imagen de Santa Claus estuviera completa, todavía faltaban algunos pasos. En el año 1823, Clement Clark Moore publicó su famoso poema Twas The Night Before Christmas: A Visit From St. Nicholas. En este poema, el autor sella en el imaginario popular la imagen del hombre gordo y barbudo que trae los regalos en Navidad con sus renos voladores. Los colores rojo y blanco de la ropa los agregará Coca-Cola en su campaña del año 1930 y luego lo enviará a recorrer el mundo de la mano de la globalización.

 

 

 

 

Entonces, si tenemos en cuenta el cúmulo de características y tradiciones que acompañan a la Navidad y a Santa Claus, podemos decir que en estas fechas no solo festejamos el supuesto nacimiento de Jesús. Esta fecha está cargada de misticismo, de poderes mágicos, de costumbres ancestrales, de regalos, de solidaridad y de respeto por la naturaleza. Más allá de que creamos en el hijo de José y María o no, el solsticio de invierno o verano (dependiendo de nuestra posición en el mundo) nos trae muchas razones para festejar. ¡Muy feliz solsticio para todos!

 

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