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La Plata, históricamente, tuvo una noche agitada y llena de propuestas. Ruta Bacalao, La Bianca, Block, Wilkenny, Fuengirola, Cubata y Stakes son algunos de los lugares que estallaban de adolescentes cuando yo también lo era. Ahora, ya un poquito más crecido, veo como las opciones se achican y me refugio en La Mulata o en Bukowsky.

Otros prefieren bares o boliches con más glamur (por decirlo de alguna manera): Cortez, Bye Henry, La Casona o El Bodegón. En estos lugares, antes se escuchaba cumbia villera, después reggaetón y ahora pop bailable. Básicamente, la música de moda de la radio, sin excepciones.

La innovación, desde hace algunos años, pasó a manos de las cervecerías artesanales, que cambiaron el horario, la carta de bebidas y la forma de salir. Brotaron (y siguen brotando) desde abajo de cada baldosa en la ciudad de las baldosas flojas, donde todavía no encontraron un techo.

Sin embargo, después de mucho buscar y después de algunos años de decepciones, noté que la ciudad estaba viviendo un nuevo renacer juerguístico: el de las fiestas y eventos under. Estos eventos, generalmente, están caracterizados por la multidisciplinariedad, por la creatividad y, por sobre todas las cosas, por un público heterogéneo y buena onda. Sí, difícil de definir, pero claramente palpable.

Estos nuevos espacios o estos antiguos espacios reutilizados con nuevos fines dan lugar a la expresión de artistas jóvenes e innovadores: músicos, ilustradores, graffiteros. La intención, en muchos casos, es lograr una experiencia multisensorial completa, que puede incluir también la proyección de visuales y performances en vivo.

Un claro ejemplo de esto que viene pisando fuerte en la escena platense es la Rosa china (1 entre 528 bis y 529, N° 310). Esta casa chorizo que pasó diez años abandonada y que fue restaurada en diferentes etapas a lo largo de muchos años está atravesando su período de esplendor. Lejos quedaron los años en los cuales la casa funcionaba como taller de arquitectura, de artes visuales y de diseño industrial. El último sábado recibió a muchísimos de nosotros, sus asiduos visitantes, y también a muchos de los nuevos, en otro evento con el típico “estilo Rosa“.

En un principio, y si la lluvia y la temperatura lo permitían, las bandas tocaban en el patio, al resguardo de la rosa china. Cuando empezaron a tocar adentro, tuvieron que tirar abajo una pared. El garaje se convirtió en sala de exposiciones, y el patio en patio de comidas y expendo de bebidas. Las paredes cobraron vida y luego mutaron y luego mutaron nuevamente. Los murales fueron tapados por otros murales, que hoy ya son solo recuerdos.

Las mutaciones físicas que acompañaron el crecimiento de la Rosa no produjeron cambios en el estilo que los chicos crearon desde un principio: música innovadora con estímulos visuales varios en un ambiente de cordialidad y respeto. Estos tres pilares creativos y sociales conforman el corazón del “estilo Rosa“, ese estilo que se ganó la confianza de muchos de nosotros, sus frecuentes visitantes.

Ese estilo también produjo un efecto dominó en todas las esferas que conciernen a la Rosa: el primer gran muralista trajo al segundo, el primer gran música trajo al segundo, los primeros visitantes trajeron a los siguientes. El ciclo de retroalimentación ya inició su proceso y parece que no va a detenerse.

El sábado 5, que milagrosamente nos dio un respiro después de tanta lluvia, me encontró nuevamente en la Rosa China para ver el show de Guli, las ilustraciones de Jit Martínez y los DJ set de los pibes de Mundo Perro Soundsystem.

La primera vez que lo vi a Guli en el Teatro Vorterix, allá por diciembre, renovó mi visión del pop-rock y del formato canción con sus cambios de ritmo y con sus coros viajeros. Su recital en la Rosa fue incluso más armónico, más enérgico, más preciso y más Guli.

Los chicos de Mundo Perro están cada vez más consolidados dentro de la escena electrónica platense y cierran eventos todos los fines de semana (en este link podés leer la nota sobre Mundo Perro y el under platense). Muchísimas bandas confían en ellos y, evidentemente, el público también, porque cada vez que se presentan hacen bailar a toda la pista. Por supuesto que me incluyo: ¿cómo es posible que no zapatee con sus poderosos beats? ¿Cómo hago para dejar los brazos quietos si la música me pide que los sacuda por el aire como un mono en celo?

Cuando necesité descansar un poco las piernas, me tomé unos largos minutos para analizar las ilustraciones de Jit Martínez. El ilustrador y muralista freelance Diego Martínez pulió un estilo muy personal y desfachatado. Su muestra reunía mayoritariamente cuerpos semidesnudos de mujeres tatuadas y alusiones a la birra, a la pizza y a los gatos. Sus tópicos, como siempre sucede con las exposiciones en la Rosa, estaban totalmente en sintonía con la noche.

La Plata vuelve a tener opciones interesantes para los que nos aburrimos de la música que pasan en la Red 92 o en Los cuarenta principales. Los jóvenes están tomando la noche de manos de los dinosaurios de billeteras abultadas y cerebros rostizados. Hay una vibra diferente en la ciudad, pero no se promociona en carteles de neón: hay que buscarla en lugares como la Rosa china.

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