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Este artículo es una continuación de la serie “La Patagonia en 5 ciudades“. Si querés leer el primer artículo de la serie, lo podés encontrar en el siguiente link.

Volamos desde El Calafate a Ushuaia alrededor del mediodía, entonces, por suerte, pudimos admirar el paisaje de la cordillera austral desde el avión: picos nevados, lagos escondidos entre las montañas, bahías y ríos. Al aterrizar, el sol seguía brillando con intensidad en el cielo y la temperatura decía que se podía andar en remera. En remera en Tierra del Fuego: esto no me lo esperaba. Ese día, el sol brilló hasta las 8 PM y anocheció a las 9:30 PM, como siempre en verano por estas latitudes.

Mientras caminábamos desde el aeropuerto al hostel, ubicado en el centro de la ciudad, nos dimos cuenta de que Ushuaia está completamente rodeada por montañas en todas las direcciones. Aquí comienza la Cordillera de los Andes, la columna vertebral de América. A su vez, aquí se termina todo: Ushuaia es la ciudad más austral del mundo (el asentamiento más austral del mundo está en Chile, en Puerto Williams, 100 kilómetros al sudeste de Ushuaia).

Nuestra primera tarde nos encontró comiendo una picada con un vino tinto en una plaza frente al mar. Pero el clima comenzó a comportarse como esperaríamos en el fin del mundo y la picada tuvo que ser levantada, el vino tapado nuevamente, y volvimos al hostel a terminar lo que quedaba. En lo que quedó de esa tarde de llovizna, luego de la picada, compartimos impresiones con otros viajeros y organizamos nuestra estadía en la capital fueguina.

Una vez que terminamos el desayuno, salimos bien temprano hacia el Presidio Militar de Ushuaia. El presidio fue inaugurado en enero de 1896 y tuvo dos emplazamientos previos antes de llegar a Ushuaia: San Juan de Salvamento y Puerto Cook. El presidio de Ushuaia lo construyeron los presos entre el año 1902 y el año 1920. A su vez, estos mismos presos trabajaban diariamente para la comunidad de Ushuaia y proveían los servicios básicos de la por entonces pequeña ciudad: imprenta, teléfono, electricidad, bomberos, construcción de calles, puentes y explotación de bosques.

El penal albergó presos políticos, revolucionarios anarquistas y delincuentes considerados peligrosos. Uno de los presos más famosos fue Cayetano Santos Godino, conocido como “El Petiso Orejudo“. Este niño cometió sus primeros delitos a sus tiernos 7 años y fue trasladado a la Cárcel del Fin del Mundo en 1923, acusado de asesinar a cuatro niños, intentar asesinar a otros siete e incendiar seis edificios. Se cree que los mismos reclusos lo lincharon cuando lanzó la mascota del penal (un gato) al fuego.

Además de recorrer la historia de la ciudad y la historia marítima argentina en la Antártida, se puede visitar una réplica del faro original de San Juan de Salvamento que estaba ubicado en la Isla de los Estados. Este faro conoció la fama cuando Julio Verne publicó su novela El faro del fin del mundo.

En la primera sala del presidio, se pueden seguir los viajes que realizaron embarcaciones sobre todo europeas (españolas, portuguesas, holandesas, francesas e inglesas) por la zona fueguina. Hernando de Magallanes fue el primero en cruzar el estrecho que hoy lleva su nombre en 1520. Él denominó a estas tierras “Tierra de los Fuegos” debido a las fogatas que prendían los indígenas Yámanas para calentarse y cocinar sus alimentos.

Al salir del penal, con mi amigo Ángel tomamos diferentes rumbos: él decidió hacer una navegación por el Canal de Beagle y yo me fui a caminar por la ciudad. En la navegación llegó hasta la Isla de los Estados, vio lobos marinos, pingüinos y hasta ballenas. Por mi parte, me dediqué a recorrer las calles de Ushuaia en busca de puntos panorámicos. Tan mal no me fue…

Por la noche, nos dimos uno de los gustos más esperados del viaje: comer centolla. Se puede ver a este crustáceo de pinzas largas flotar en muchas peceras en los restaurants de la ciudad, pero mi amigo ushuaiense me recomendó Volver, el restaurant gourmet del chef Lino Adillón. De entrada pedimos un ceviche de centolla, y luego una corvina negra Volver y una centolla al ajillo. Nos fuimos del restaurant con un poco de nostalgia, sabiendo que nunca vamos a probar un pescado más rico en nuestras vidas.

Nuestro tercer y último día en Ushuaia comenzó bien temprano e involucró una agenda cargada de actividades. Alquilamos un auto y, con el mate preparado, pasamos a buscar a nuestro amigo Alfredo y tomamos la ruta nacional 3 en dirección a Tolhuin. La ruta serpentea entre los árboles del bosque, bordea acantilados y trepa las montañas de la cordillera. Nos detuvimos a tomar unos mates en la margen del Lago Fagnano (o Lago Kami, que significa “alargado” en la lengua selknam) que tiene una longitud de 104 km y una profundidad máxima de 200 m.

Con los ojos llenos de azul y el pelo lleno de viento, volvimos a Ushuaia para almorzar y partimos hacia el Parque Nacional Tierra del Fuego. Este Parque Nacional de 630 km² está ubicado en el extremo sur-oeste de la provincia de Tierra del Fuego y cuenta con cuatro senderos de trekking con diferente nivel de complejidad. Nuestro paseo incluyó una visita al correo del fin del mundo (donde te pueden sellar el pasaporte), al Lago Roca y a la Bahía Lapataia.

En la Bahía Lapataia finaliza la ruta nacional 3 que comienza en Buenos Aires, a unos lejanos 3060 km. Este es el lugar simbólico donde finaliza el mundo civilizado y comienza el dominio de la naturaleza. Aquí, también, terminó nuestro escueto pero intenso viaje por la Patagonia argentina. Luego de pasar por Bariloche, El Bolsón, El Chaltén y El Calafate, habíamos llegado a Ushuaia, fin del mundo, principio de todo. En el aeropuerto nos despedimos de Alfredo y del viento patagónico: en Buenos Aires nos esperaba el calor y la humedad. Otra vez el caos, otra vez la ciudad. Sin embargo, las imágenes y las sensaciones de este viaje me acompañarán hasta que vuelva a la Patagonia en busca de un poco de aire fresco de montaña.

¿Qué más se puede hacer en Ushuaia?

Debido a la falta de tiempo, no pude visitar todos los lugares que había planeado en Ushuaia. ¿Vos sí tenés más tiempo? Entonces, te dejo las siguientes recomendaciones:

Glaciar Martial: se puede acceder caminando a este glaciar desde el centro de Ushuaia. Para llegar hay que seguir la calle homónima hasta el final del recorrido y luego caminar por aproximadamente una hora. Desde la cima se puede ver toda la ciudad de Ushuaia. Se estima que podría desaparecer para el año 2020.

Laguna Esmeralda: esta laguna se encuentra a 20 km de Ushuaia por la ruta nacional 3. El sendero hasta la laguna requiere aproximadamente una hora de caminata de ida y otra de vuelta, atravesando turbales, puentes de madera, castoreras y bosques. La laguna tiene un color turquesa muy profundo y es una de las atracciones principales de Tierra del Fuego.

Cerro Castor: si vas en invierno a Ushuaia y te gustan los deportes de nieve, podés visitar el Cerro Castor, que cuenta con 5 telesillas y 33 pistas de diferente dificultad. Está ubicado a 26 km del centro de Ushuaia.

Antártida: si tenés incluso más tiempo (y más dinero), podés realizar una excursión a la Antártida. En Ushuaia se consiguen precios de último momento en la mayoría de las agencias de turismo. Las excursiones duran entre 10 y 20 días, y la temporada arranca a mediados de noviembre y finaliza a mediados de marzo.

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