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La música es un instrumento muy poderoso que nos permite viajar con la mente por diferentes rumbos. En este caso, les propongo un viaje hacia el lejano oriente, hacia Japón y China, para conocer la filosofía zen de la mano de Chinese Man.

Esta banda está compuesta por Zé Mateo, High Ku y SLY, y son originarios de la provincia francesa Aix en Provenza. Se definen como una banda de trip-hop con influencias del hip-hop, del funk, del dub, del reggae y del jazz. El Hombre Chino (Chinese Man) envió a sus tres discípulos a predicar el espíritu zen a través  de la música y ellos no lo defraudaron.

 

 

 

 

Chinese Man no es solo el nombre de la banda, sino que también es el nombre de la productora de Marsella que los produce, junto a otras bandas como Deluxe y Baja Frecuencia. Esta productora trabaja muy bien la estética de sus bandas y la selección de ritmos, con el hip-hop siempre como base.

Dato de color: Baja Frecuencia grabó un remix de la banda argentina de cumbia Supermerk2, que podés escuchar en el siguiente enlace. ¡Imperdible!

 

 

 

 

El nombre del disco no es aleatorio: la palabra Shikantaza es una traducción japonesa del término chino del budismo zen que se refiere a la práctica de la “iluminación silenciosa“. La “iluminación silenciosa” es la práctica integrada del shamatha (calmar la mente) y del vipashyana (contemplación profunda). Según Taigen Dan Leighton, esta práctica involucra la eliminación de la concentración exclusiva en un objeto sensorial o mental para intentar aprehender todos los fenómenos como una totalidad unificada.

Al reflexionar sobre este nombre, los Chinese Man no dudaron: el nombre puede ser difícil de recordar, pero es exactamente lo que queríamos transmitir. El disco fue lanzado cinco años después de su anterior álbum (Racing with the Sun) y fue grabado entre Marsella, Mumbai y una locación secreta en la campiña francesa. Según sus creadores, Shikantaza es una invitación a soltar, a capturar el momento y conforma un pasaje personal hacia la iluminación.

 

 

 

 

En los primeros temas, el disco se acerca al rock rapeado con toques electrónicos y voces de todo el mundo. También podríamos definirlo como un rap contemporáneo, con claras influencias del jazz y armónicas melodías de violines. Sin embargo, encasillarlos en un género sería un error, ya que todos sus temas mezclan géneros totalmente disímiles. Las voces, cuando no tienen nada que agregar, le dejan su lugar a largos solos instrumentales que nos invitan a viajar muy lejos.

El corazón del disco contiene gritos budistas, una explicación de quién es el Hombre Chino (Chinese Man) recitada por Alejandro Jodorowsky (artista franco-chileno, de ascendencia judío-ucraniana), castañuelas españolas, la conmovedora voz de Mariama que nos habla sobre la naturaleza, el mensaje que la activista pakistaní Malala Yousafzai pronunció ante las Naciones Unidas, introducciones en francés, guitarras mexicanas, sonidos y gritos africanos, y hasta una canción infantil (Diddle, Diddle, Dumpling, My Son John).

 

 

 

A través de la música, Chinese Man intenta recomponer las relaciones humanas y crear un mundo novedoso donde las diferentes culturas se mezclan y conviven pacíficamente. El budismo zen fue su inspiración y su estado de ánimo para componer esta obra maestra de la música contemporánea. Es momento de viajar hacia Oriente para conocer al Hombre Chino y para escuchar sus enseñanzas.

 

 

 

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