Indonesia

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Indonesia es uno de los países del mundo que tomé como hogar. Me sentí realmente a gusto en este vasto archipiélago cuyas costas son salpicadas por el Mar de Banda, el Mar de la China Meridional, el Mar de Filipinas y el Océano Pacífico. Cuando planeé mi viaje por el sudeste asiático, Indonesia ocupaba un rol central. Luego de visitarlo, ocupa un rol aún más importante en mi imaginario y en mis planes de vida.

El archipiélago consta de 17.500 islas (de las cuales solo 6.500 están habitadas) por lo cual toda una vida no sería suficiente para recorrerlo. La característica más llamativa de Indonesia es su diversidad, y tanto es así, que su lema nacional Bhinneka Tunggal Ika (en javanés antiguo) significa “unidad en la diversidad” (si querés saber más sobre este principio podés leer el artículo “Pancasila: unidad en la diversidad”). Y, por suerte, no fue solo un lema colgado en un cartel: a cada paso del camino me crucé con la diversidad. Diversidad de paisajes, con montañas, playas, volcanes y cascadas; diversidad religiosa, con musulmanes conviviendo armónicamente con sus vecinos hindúes, budistas, católicos, protestantes y evangelistas; diversidad de lenguas, ya que se habla chino, malayo, balinés, javanés, rejang, dairi batak, torajan, toba batak, banjarés y otros; diversidad culinaria y arquitectónica, ya que las islas fueron colonizadas por ingleses, holandeses, chinos e indios. Y así podría seguir, ya que la diversidad en Indonesia no encuentra fronteras.

Para poder abarcar al menos una parte considerable de este país, es necesario planificar el viaje para llegar a las zonas más alejadas. Organizamos el viaje con Damián Almua (fotógrafo nómada) para poder visitar algunos lugares realmente llamativos y esto es un resumen de nuestras aventuras por el verdadero país de las sonrisas.

 

 

ISLA DE BALI

 

 

La isla de Bali suele ser la puerta de entrada para los visitantes del país, pero lamentablemente, la mayoría de las personas se quedan en esta isla y su visión de Indonesia queda circunscrita a esta porción ínfima de territorio (Por qué salir de Bali o la verdadera Indonesia).

El año 100 a.C. marca la llegada del pueblo hindú a Bali. El imperio Mayapajit dominó la zona desde entonces y hasta la colonización de los Países Bajos, y las élites culturales de Java se refugiaron en la isla durante la expansión del islam. Esta combinación de sucesos hace de Bali una isla sumamente rica en materia artística: su arquitectura, sus artesanías y sus vestimentas son únicas en Indonesia. La religión mayoritaria en la isla es el hinduismo balinés, que mezcla creencias en los dioses y doctrinas hindúes junto con creencias animistas y adoración a santos budistas.

 

 

KUTA BALI

 

 

 

 

Una vez que aterrizamos en Denpasar, nos dirigimos hacia Kuta, una de las zonas más pobladas de Bali y uno de los destinos turísticos más concurridos de la isla. Kuta es un hermoso laberinto: para moverse hay que atravesar pequeños pasillos y calles angostas, con motocicletas y autos que circulan en todas direcciones.

 

 

 

 

Las playas de Kuta son frecuentadas por surfistas de todo el mundo, ya que tienen buenas secuencias de olas y son extensas. Kuta tiene también una muy interesante vida nocturna, con turistas de todo el mundo mezclados con locales. Tal vez esa sea una de las razones por las cuales se puede comprar allí casi cualquier psicoactivo disponible en el mercado (sobre todo hongos alucinógenos, que son endémicos en la isla).

 

 

UBUD

 

 

 

 

Ubud se encuentra a unas dos horas de Kuta. Sin embargo, la distancia física no refleja la diferencia entre las ciudades: parecieran pertenecer a islas diferentes. La religiosidad que se asoma en Kuta, por detrás de los boliches y los bares, toma un rol principal en Ubud, que está rodeada de selva y de bosques tropicales. Todo tiene aspecto de templo: las casas, los hostels, los restaurantes y hasta los templos.

 

 

 

 

Ubud transmite paz. El tráfico nunca deja de ser muy intenso en la isla de Bali, pero aquí la cantidad de autos y motos es menor. El semblante y el tono de los ubudenses es mucho más tranquilo que el de los habitantes de otras partes de la isla. Tal vez sea por eso que es un destino reconocido a nivel mundial para la práctica del yoga (en sus diferentes disciplinas).

 

 

 

 

Además de practicar yoga, en Ubud se puede recorrer el bosque de monos (uno de los cientos que hay en Indonesia), se pueden recorrer plantaciones de arroz, templos hinduistas balineses, presenciar shows de danzas balinesas tradicionales y probar el auténtico café balinés.

Pero en Ubud no se prepara cualquier café: aquí se prepara el café más caro del mundo, el café Luwak. Este café tiene un proceso de elaboración muy particular, que tal vez espante a algunos consumidores. Mi consejo es que no se dejen amedrentar: es, sin dudas, el café más rico que probé en mi vida.

La estrella del proceso de elaboración de este café es la civeta de palmera asiática. Este animalito ingiere los granos de café directamente de la planta, que pasan por su tracto intestinal sin ser digeridos completamente, y luego son expulsados a través de las heces. En el proceso, los granos de café permanecen intactos en cuanto a su aspecto, pero obtienen un sabor adicional que se desprende de las encimas del estómago del animal. Los productores recogen esos granos, los limpian y los secan. No suena muy atractivo, ¿verdad?

 

 

 

 

Sin embargo, y por más improbable que parezca, ese café es una delicia y ha sido llamado el café más caro del mundo: su precio estimativo por kilo es de 400 euros. En Bali Pulina Agro-turismo, se puede realizar una visita guiada gratuita en la cual te muestran todo el proceso de elaboración y te ofrecen una degustación (también gratuita) de todos los tipos de café y té que se producen en la finca. Si querés probar el café Luwak tenés que pagarlo, pero realmente vale la pena. La vista desde las mesas de degustación es realmente conmovedora, lo cual hace de este lugar un imperdible para los amantes del café y para los que quieren introducirse en este mundo de aromas.

 

 

Hostel recomendado: Sunshine Vintage House

Este hostel está ubicado en el corazón de Ubud y las habitaciones son una joya. Nick, el dueño del hostel, también ofrece traslados desde el aeropuerto de Denpasar. Lo podés contactar por WhatsApp al +6287889046155.

 

 

Con Damián hicimos base en Ubud y recorrimos el resto de la isla de Bali en moto (lo cual recomiendo ampliamente). En ese recorrido, de unos 90 kilómetros, pasamos por el templo Pura Ulun Danu Batran, por los Lagos Gemelos y por el templo Tanah Lot.

 

 

PURA ULUN DANU BATRAN

 

 

 

 

En el camino hacia el templo Pura Ulun Danu Batran, comenzamos a sentir mucho frío. Y era lógico: el lago Bratan se encuentra a una altura de 1200 metros sobre el nivel del mar. Este complejo es el templo de agua más importante de la isla de Bali y fue construido en el año 1633. Aquí se realizan ofrendas a la diosa balinesa Dewi Danu, la diosa de los ríos, del agua y de los lagos.

 

 

 

 

El emplazamiento se encuentra en las costas del lago Bratan y consta de varios templos notablemente adornados. Debido a su popularidad, este complejo suele recibir turistas extranjeros y locales.

 

 

LAGOS GEMELOS

 

 

 

 

Luego de pasar algunas horas caminando por el templo Pura Ulun Danu Batran, retomamos la ruta con nuestras motos en dirección a los Lagos Gemelos. Estos lagos se encuentran a media hora del templo y ofrecen una vista exquisita del bosque balinés. Como en todo Bali, hay varios templos cerca que se pueden visitar, pero nuestra ruta seguía hacia el sur.

 

 

 

 

TANAH LOT

 

 

 

 

Para llegar al templo Tanah Lot nos dirigimos hacia el suroeste de la isla, por un camino que nos tomó aproximadamente una hora. Calculamos el recorrido para llegar al atardecer, con los últimos rayos de sol, lo que nos regaló una postal soñada de este antiguo templo.

El templo de la tierra en el mar (como se lo conoce) se ubica a unos 100 metros de la costa, en un islote que se cubre casi completamente de agua salvo por algunas horas al día. El templo fue construido por un sacerdote en el siglo XVI y está dedicado a los espíritus guardianes del mar. Luego de disfrutar de la vista y del ruido de las olas contra el templo, retornamos a Ubud con nuestras motos, satisfechos y agotados luego de una hermosa recorrida por la inigualable isla de Bali.

 

 

 

 

ISLA DE LOMBOK

 

 

La isla de Lombok se encuentra al este de la isla de Bali. Para llegar a nuestro primer destino de este archipiélago, tomamos un micro desde Ubud hasta el puerto de Padangbai y desde allí un ferry a las islas Gilli.

 

 

ISLAS GILLI

 

 

 

 

Las islas Gilli, un archipiélago formado por Gilli Trawangan (la más grande y concurrida de las tres islas), Gili Meno y Gili Air, conforman (junto con Kuta Bali) las capitales de la fiesta en Indonesia. Pero a diferencia de Kuta Bali, las islas Gilli son un paraíso del buceo y del snorkel.

 

 

 

 

Teníamos pensado alojarnos en Gili Trawangan por tres días, pero la isla nos atrapó y nos tuvimos que quedar una semana entera. No hay vehículos en la isla, entonces los únicos tres medios de locomoción son las bicicletas, los carruajes tirados por caballos y los pies humanos. En dos horas se puede dar la vuelta a la isla por la costanera en bicicleta, lo cual habla de una isla diminuta y acogedora.

La fiesta es cosa seria en Gilli Trawangan. En la zona céntrica de la isla hay decenas de boliches y bares, y el expendio de estupefacientes se realiza a plena luz del día. Una vez que llegan las tres de la mañana, todos los bares y boliches cierran y queda solo uno abierto, que va rotando según el día, y que concentra a toda la población de turistas en busca de unas últimas rondas de Bintang (la deliciosa cerveza indonesia que pertenece a la fábrica holandesa Heineken).

Durante el día, la actividad es igual de frenética. Se pueden realizar varios tours en bote para hacer snorkel alrededor de las tres islas y observar tortugas marinas, cardúmenes de peces multicolores y formaciones de coral impresionantes. El único momento en el cual la actividad se detiene en las Gilli es al atardecer: estas bellas islas poseen los atardeceres más dramáticos que presencié en mi vida. Bintang en mano, pies en la arena, locales y turistas disfrutan del show día tras día. Cuando el sol termina de esconderse, los parlantes de los bares vuelven a tomar su rol protagónico.

 

 

 

 

KUTA LOMBOK

 

 

 

 

Desde las islas Gilli tomamos un barco hacia el puerto de Bangsal y desde allí un micro hasta Kuta Lombok, en el extremo sur de la isla de Lombok. Debido a nuestra extensa estadía en las trillizas Gilli, solo tuvimos una tarde para caminar un rato por la playa de Kuta Lombok. Al día siguiente, bien temprano, tomamos un avión desde el aeropuerto internacional Bandar Udara hacia la isla de Flores.

 

 

ISLA DE FLORES

 

 

La isla de Flores está ubicada en la provincia de Nusa Tenggara Oriental, entre el mar de Savu y el mar de Flores. El atractivo principal de esta región de Indonesia son los dragones de Komodo. Pero esta isla no solo tiene una fauna realmente llamativa, sino que sus habitantes y sus paisajes son totalmente exóticos y diferentes a los del resto de Indonesia. En nuestro viaje por esta isla recorrimos cuatro ciudades: Labuan Bajo, desde donde visitamos el Parque Nacional Komodo, Bajawa, Ende y Moni, desde donde visitamos el volcán Kelimutu, uno de los lugares más espectaculares de Indonesia.

 

 

LABUAN BAJO Y PARQUE NACIONAL KOMODO

 

 

 

 

Llegar a Labuan Bajo es sumamemente sencillo, ya que cuenta con un aeropuerto recientemente renovado. La ciudad es pequeña y acogedora, pero no tiene muchos atractivos, más allá de su puerto y de los puestos de venta de comida (sobre todo mariscos y pescados frescos) que se encuentran sobre la costanera. Sin embargo, esta ciudad funciona de puerto para las excursiones que salen diariamente hacia el Parque Nacional Komodo.

 

 

 

 

Embarcamos bien temprano al otro día de llegar a Labuan Bajo hacia la isla de Rinca, nuestra primera parada en el Parque Nacional Komodo. El viaje en barco no tuvo tanto que envidiar al que luego haríamos en la Bahía de Ha Long, ya que las formaciones que se elevaban caprichosamente a nuestros costados eran magníficas. Protegidos por nuestro guardaparque, armado con un palo y mucha confianza, salimos a recorrer la isla en busca de los últimos dinosaurios que habitan nuestro planeta: los dragones de Komodo.

Por suerte, no tuvimos que caminar mucho para encontrarlos. Muchos de ellos estaban descansando debajo de la proveeduría (que también funciona de cocina) que se encuentra a los pocos metros de entrar al parque. Los olores de la comida humana también atraen a los dragones, nos contaron.

También nos contaron que los dragones son criaturas feroces, que cazan jabalíes, monos y hasta ciervos. Las crías de los dragones, ni bien salen del huevo, trepan a los árboles y se esconden dentro del tronco. ¿Por qué trepan? Porque si no lo hacen, sus madres se las comen. ¿Por qué se esconden dentro de los árboles? Porque si no se las comen las aves. Vaya primer día para los pequeños dragoncitos.

 

 

 

 

Después de una caminata de unas dos horas partimos hacia la isla de Komodo, para ver si teníamos la misma suerte. Esta isla tiene una flora y una geografía completamente diferente a la anterior. A pesar de los comentarios desalentadores de un guardaparque que nos cruzamos en el camino, tuvimos suerte nuevamente, y esta vez no encontramos a los dragones descansando plácidamente debajo de la cocina, sino en su propio hábitat: en la selva espesa. Antes de embarcar nuevamente, nos cruzamos con otro dragón, un jabalí y un ciervo: todos asistieron a la fiesta y nos querían saludar. Para cerrar una visita soñada y un primer día agotador, amarramos en una bahía ignota y presenciamos una migración de murciélagos. En esa cena tuvimos mucho de que hablar, antes de dormir bajo las estrellas en nuestra pequeña pero acogedora embarcación.

El segundo día de la excursión incluyó uno de los platos fuertes de mi viaje por el sudeste asiático. Luego de navegar unas dos horas, nos estábamos preparando para hacer snorkel cuando nuestro capitán avistó algo debajo del agua y nos gritó: ¡ahora! ¡Ahora! Saltamos y allí estaban. Un grupo de unas siete mantarayas nadando elegantemente al unísono. La imagen sigue muy fresca en mi mente y tal vez así sea por mucho tiempo más. Fue un espectáculo realmente conmovedor. De repente, y como para completar el show, un tiburón de arrecife pasó a saludar cuando nadie lo esperaba. La corriente marina y la profundidad crearon un escenario drástico, y tuvimos que salir del agua, agotados, pero inmensamente contentos.

 

 

 

 

Tras otra hora de viaje, amarramos en una pequeña playa con aguas pocos profundas para disfrutar de otras horas de snorkel. Aunque estábamos agotados, nadie se quedó en el barco. Y realmente pagó sus frutos: las vistas debajo del agua fueron mágicas, y nadamos como los demás peces entre arrecifes de coral azules, rosas y blancos brillantes, de un color casi radioactivo. Almorzamos en el barco y otra vez, y hasta que volvimos al puerto de Labuan Bajo, tuvimos mucho de que hablar.

 

 

BAJAWA

 

 

 

 

El camino hacia Bajawa desde Labuan Bajo fue poco menos que tortuoso. Viajamos en un micro destartalado, repleto de gente y paquetes (incluso con una moto en el techo), con música pop indonesia a todo volumen y surcando una cantidad de curvas ridículas. Si agregamos la cantidad de paradas completamente innecesarias y los fumadores de todas las edades sobre el micro, se parece mucho a un viaje pesadillesco. Las rutas en la isla de Flores se tuvieron que acomodar a la geografía, por ende moverse dentro de esta isla siempre conlleva muchas horas.

 

 

 

 

 

Bajawa es un pequeño pueblo incrustado en las montañas selváticas del centro de la isla de Flores. Su atractivo principal son las tribus de montaña Ngada, que están esparcidas por toda la zona. Tienen un modo de vida ancestral, en el cual cuidan de su ganado, cultivan la tierra y recogen sus frutos. Son personas sumamente espirituales y profesan una religión que mezcla conceptos católicos con creencias pre-cristianas.

 

 

 

 

Cuando recorrimos las tribus con un guía local nos contó que realizan muchos rituales para diferentes ocasiones festivas. Cuando alguien se casa en la aldea, se sacrifican búfalos y gallos, y cantan y bailan. También nos contaron que el poder recae sobre las mujeres, que son las que administran el hogar. Los Ngada también son muy buenos tejedores y trabajan la madera con una maestría sorprendente. Nosotros visitamos las aldeas de Gurusina, Bena y Luba en moto, por pequeños senderos que se cuelan por entre la selva espesa.

 

 

 

 

La otra gran atracción turística de Bajawa es el volcán Inerie. Tiene una altura de 2245 metros sobre el nivel del mar y una forma piramidal muy llamativa. Para llegar a la cima se necesitan desde dos horas y media hasta cuatro horas, dependiendo de la condición física de las personas. Las vistas, como es de esperar, le quitan el aliento hasta al más experimentado viajero.

Los alrededores de Bajawa están repletos de cascadas, saltos y aguas termales. Las aguas termales que más nos llamaron la atención fueron las de Malanage. Aquí, el flujo de agua volcánica caliente se mezcla con el agua fría que desciende de la montaña, creando una piscina natural en la cual, si uno cambia de posición, puede regular la temperatura del agua de acuerdo al gusto: hirviendo, muy caliente, caliente, templada, fresca, fría. Luego de tanto caminar y recorrer, nos zambullimos en las aguas termales durante algunas horas para reponer energías. Bajawa, realmente, lo tiene todo.

 

 

 

 

ENDE

 

 

 

 

Indonesia no deja de sorprenderte y Ende no es la excepción. Como era de esperar, el viaje desde Labuan Bajo a Ende no fue menos complicado que el anterior. Más allá de ser una ciudad pequeña con el aeropuerto más pequeño y rústico que vi en mi vida, Ende tiene un atractivo muy peculiar: playas de piedras azules.

 

 

 

 

Localmente se la conoce como playa Penggajawa y está ubicada a unos 25 km del centro de Ende (sobre la ruta que une Bajawa y Ende). Para los que no la conocen, les recomiendo ir rápido, ya que las piedras son extraídas de la playa por los locales que las venden a Bali o a Java como decoración, o incluso las exportan. Otra rareza en el país de la diversidad.

 

 

MONI – PARQUE NACIONAL KELIMUTU

 

 

 

 

Antes de diseñar con Damián nuestro recorrido por Indonesia, estuvimos investigando mucho sobre este hermoso país. ¿Qué queremos ver? Bueno, de todo. ¿Qué nos queda a mano? Casi nada… Pero notamos que varios lugares de interés estaban ubicados en la isla de Flores, y por eso volamos hasta allí. Tal vez uno de los lugares que más nos llamó la atención al elaborar la lista fue el Parque Nacional Kelimutu.

 

 

 

 

Para llegar a Moni, el pueblo más cercano al Parque Nacional, contratamos un pequeño micro privado, ya que los micros públicos ya no pasaban (es recomendable buscar micros temprano en Ende). Música a todo volumen, como siempre, curvas, subidas y bajadas, como siempre, y mucha paciencia. La ruta estaba cortada porque la estaban remodelando. Más paciencia…

 

 

 

 

Moni es un diminuto pueblo agrícola de las montañas centrales de Flores. Para visitar el Parque Nacional Kelimutu y ver el amanecer en la cima, hay que salir bien temprano desde Moni (alrededor de las tres de la mañana). Luego de un recorrido en moto de aproximadamente media hora se llega a la base, desde la cual hay que caminar (en medio de la noche cerrada) unos 40 minutos hasta llegar a la cima del volcán. Desde allí, y si el clima lo permite, se puede observar una vista sobresaliente de las montañas aledañas y de los cráteres del volcán Kelimutu.

 

 

 

 

El volcán Kelimutu es un volcán muy particular, ya que en la cima tiene tres lagos. Pero eso no es todo: dependiendo del estado de oxidación y del balance de gases y de precipitaciones, el color de los lagos cambia. Los tres lagos cambian de color independientemente, ya que su conexión con el centro del volcán es independiente. Por lo tanto, los habitantes del lugar los han provisto de nombres diferentes: Tiwu Ata Bupu (Lago de los viejos), Tiwu Ko’o Fai Nuwa Muri (Lago de los jóvenes y las señoritas) y Tiwu Ata Polo (Lago embrujado o encantado). Dotado además de una fauna (sobre todo avícola) muy peculiar, este sitio representa una visita obligada para todos aquellos amantes de la naturaleza y el senderismo.

 

 

 

 

BANYUWANGI – VOLCÁN IJEN

 

 

Si querés leer el artículo completo acerca del volcán Ijen, lo podés encontrar acá.

 

 

 

 

Para llegar a Banyuwangi tuvimos que armarnos de paciencia nuevamente: volamos desde el diminuto aeropuerto de Ende hasta Denpasar (Bali) y desde allí tomamos un micro hasta el puerto de Gilimanuk (en el extremo noroeste de Bali) para poder cruzar hasta Banyuwangi. En el puerto nos recibió Ben, un javanés con un corazón enorme y una hospitalidad emocionante. Conversamos con él durante algunas horas y descansamos otras tantas para prepararnos para ascender al volcán. A la una de la mañana salimos de su homestay y a las dos ya estábamos empezando el ascenso.

El volcán Ijen funciona como una mina de azufre a cielo abierto. Los mineros ascienden todos los días al anochecer y trabajan hasta el amanecer en condiciones deplorables (solo algunos usan pañuelos en la boca para protegerse de los gases). Trabajan durante la noche ya que el calor del día sería insoportable y las condiciones de trabajo serían más peligrosas porque no podrían identificar los gases que salen del volcán.

El ascenso es realmente duro, y cuanto más cerca de la cima se está, más difícil se hace la respiración. Una vez que llegamos a la cima, comienza el descenso hacia el cráter (la parte más difícil de la caminata). El paisaje en la cima es completamente surreal: si quisiéramos falsear el aterrizaje en Marte, éste sería el lugar perfecto. El humo dificulta la visión, el camino está hecho de piedras sueltas y así y todo, los mineros cargan entre 80 y 100 kilos en sus espaldas a cambio de una remuneración insultante.

 

 

 

 

Una vez que alcanzamos el fondo del cráter pudimos apreciar el inusual espectáculo: el fuego azul flameando sin control. Su color se debe a la combinación de gases utilizados para extraer el azufre y arde solo hasta las cinco de la mañana.

Hoy en día ya no se puede descender hasta el cráter. Solo se permite a los turistas llegar hasta la cima del volcán y observar desde allí a los mineros trabajar. El gobierno ha tomado nota de la peligrosidad del lugar y a limitado el acceso. Sin embargo, los mineros siguen cobrando un precio miserable por el azufre que extraen, que se lo entregan a una compañía china en la base del volcán. Este sitio representa de manera cabal las contradicciones siempre presentes en Indonesia: la belleza de la llama azul y de las piedras de azufre frente a las condiciones laborales y la pobreza de los mineros. El volcán Ijen es, sin lugar a dudas, el infierno en la tierra.

 

 

 

 

PROBOLINGGO – PARQUE NACIONAL BROMO

 

 

 

 

Agotados y con la garganta reseca y rasposa todavía de respirar tanto azufre, nos tomamos el tren que une Banyuwangi con Probolinggo. Nuestra idea era alojarnos en Cemoro Lawang, en las faldas del Parque Nacional Bromo, pero no tuvimos suerte, ya que el transporte público se interrumpe aproximadamente a las tres de la tarde.

Al siguiente día, bien temprano, alquilamos una moto y conducimos hasta Cemoro Lawang. El pueblo es muy pequeño y está rodeado de cultivos extensos y ordenados, sobre terrazas formadas en las laderas de la montaña. De hecho, por la forma de vestir de sus habitantes y por las cadenas montañosas que lo rodean, me resultó muy parecido a las postales que he visto de Katmandú.

 

 

 

 

Luego de tomar algunas fotos desde los puntos panorámicos que se encuentran alrededor del volcán, empezamos la extensa caminata por el desierto que lo separa del pueblo (llamado por los locales “Mar de arena”). El monte deriva su nombre de la pronunciación javanesa de Brahma, el Dios creador según los hindúes, y tiene una altura de 2.329 metros. Bajo las faldas del volcán hay un enorme templo hindú y luego viene la parte más intensa de la caminata: la subida hacia la cima es sumamente empinada.

 

 

 

 

Aunque parezca extraño, el volcán está formado de arena fina volcánica y es uno de los volcanes más activos de Indonesia, con más de 50 erupciones en los últimos 250 años. Las medidas de seguridad en la zona son nulas, por ende hay que moverse con cautela. Sin embargo, la vista desde la fumarola del volcán es impresionante y sus constantes rugidos nos recuerdan el poder de la naturaleza. Con las piernas llenas de arena y los ojos llenos de Bromo, nos subimos a la moto para volver a Probolinggo y cerrar así nuestro recorrido por Indonesia.

 

 

Cuando uno viaja, a veces, las cosas pueden no salir del todo bien. Sin embargo, tenemos que estar preparados y afrontarlo con gallardía. Si querés leer acerca del peor viaje en micro de mi vida, lo podés hacer en este enlace.

 

 

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