Filipinas

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El archipiélago filipino consta de más de 7.000 islas, repartidas en 18 regiones. Al igual que en Indonesia, uno necesitaría toda una vida para recorrer el país de manera cabal (y aún así, podría no alcanzar). Durante julio de 2016 recorrí tres de las regiones que reciben mayor cantidad de turistas en Filipinas: la capital, Manila, la isla de Palawan (elegida como la mejor isla del mundo en 2013, 2015 y 2016) y la isla de Cebú. Sí, es un país hermoso. Sí, sus playas son impresionantes. Pero ojo, porque moverse en este archipiélago no es nada sencillo y requiere mucha paciencia. ¡Suban al bote y bienvenidos a Filipinas!

 

 

MANILA

 

 

 

 

Antes de llegar tenía sentimientos encontrados: me habían hablado pestes de Manila y en internet no encontraba mucha información auspiciosa. Pensé en evitar la capital y volar directamente hacia Cebú, pero acordé con mi novia de ese momento en quedarnos dos días y probar suerte. “Algo tiene que haber”, coincidimos.

La realidad es que no pudimos encontrar mucho para ver. Miguel López de Legazpi fundó la ciudad en el año 1571 en la actual zona de Intramuros, que es el mayor atractivo turístico de la ciudad. En el interior de las murallas se pueden encontrar iglesias españolas (la influencia española en Filipinas, producto de la colonización, se ve sobre todo en la arquitectura, en la comida y en el idioma), pasillos angostos y filipinos insistentes que ofrecen paseos en carruaje.

 

 

 

 

No estábamos interesados en pasear en carruaje ni tampoco en salir de compras, pero el que quiera hacerlo, lo puede hacer en grande. El SM Mall of Asia fue inaugurado en el año 2006 como el shopping más grande de Filipinas. Actualmente, es el cuarto shopping más grande del país y el undécimo del mundo con 42 hectáreas y un tráfico diario promedio de 200.000 personas.

 

 

 

 

Lo que más nos llamó la atención de Manila (y de las ciudades grandes de Filipinas en general) fue la cantidad de basura tirada en las calles. Si tenemos en cuenta que la temperatura promedio aquí es de entre 25 y 30 grados todo el año, la combinación resulta fatal: el olor a basura podrida en las calles de la capital es insoportable.

 

 

 

 

Manila fue, sin dudas, intensa. Fue complicada y poco práctica. Fue, también, muy calurosa y sofocante. Como primera impresión de Filipinas fue fuerte y, tal vez, predecible. Lo más interesante y atractivo de este país no está en las ciudades grandes, sino en sus pueblitos y en sus islas. Hacia allí, pues, nos dirigimos.

 

 

PALAWAN

 

 

La isla de Palawan se encuentra en las Bisayas Occidentales, a una hora y 20 minutos en vuelo desde Manila (Cebú Pacific vuela por 31 USD). En esta isla se encuentran los atractivos turísticos más visitados del país, por ende moverse aquí es sencillo (aunque regatear, como en todo el sudeste asiático, es imperativo).

 

 

PUERTO PRINCESA

 

 

 

 

La capital de Palawan es Puerto Princesa (donde se encuentra el aeropuerto con más tráfico de la isla). La ciudad está ubicada casi en el centro de la isla, lo que la convierte en un punto conveniente para comenzar a explorarla.

El mayor atractivo de Puerto Princesa son los ríos subterráneos. Este paisaje está compuesto por formaciones kársticas de caliza surcadas por ríos subterráneos, en un parque que abarca 5753 hectáreas. El parque nacional fue inscrito en el año 1999 por la UNESCO como patrimonio de la humanidad mundial y en el año 2011 fue declarado una de las siete maravillas del mundo natural.

 

 

 

 

A unas dos horas en moto desde Puerto Princesa está la playa de Nagtabon. El camino, al menos en días lluviosos, no es apto para principiantes, ya que contiene pendientes y curvas peligrosas en caminos de grava. La playa disfruta de un público mayoritariamente local, sobre todo en los fines de semana. La playa cuenta con una pequeña proveeduría y unas chozas hechas de paja para refugiarse del sol. Y eso es todo: naturaleza en estado puro.

 

 

 

 

 

 

EL NIDO

 

 

 

 

El Nido es, sin dudas, el pueblo más visitado de Filipinas. Para llegar hay que tomar un micro desde Puerto Princesa que tarda entre 6 y 9 horas, dependiendo del humor y de la voluntad de los conductores, ya que realizan paradas casi constantemente: para fumar, para ir al baño, para comer, para…

Llegamos de noche, sin luz y cansados. Tardamos dos horas aproximadamente en encontrar nuestro hostel, que tampoco tenía luz, ni internet, ni agua caliente. No parecía una bienvenida cálida. Sin embargo, cuando salimos a recorrer al día siguiente, pudimos ver el paisaje que el día nos había ocultado: playas de agua turquesa, arena fina y formaciones rocosas caprichosas adornadas con selva.

 

 

 

 

El Nido tiene (al menos) dos facetas: las playas accesibles a pie y las playas a las que solo se accede en bote. Las primeras, por lo general, tienen algas en el lecho marino y un nivel de agua demasiado bajo para poder sumergirse. Las segundas, muy por el contrario, son realmente impresionantes.

Para encontrar estas playas, hay que realizar alguno de los cuatro tours que ofrecen en El Nido: A, B, C o D. Los tours más recomendados son el A y el C. En el lapso de siete horas, desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde, recorrimos islotes, bahías, playas vírgenes y formaciones coralinas desperdigadas por los alrededores de El Nido. Al mediodía, la embarcación atraca en alguna isla innombrable y el almuerzo se sirve fresco: pescado recién asado, mariscos, cerdo, arroz, ensaladas y frutas frescas.

El Nido sin dudas hace honor a su fama: sus playas son realmente únicas. Sin embargo, y para ser totalmente franco, nos quedamos con un sabor agridulce. El pueblo es bonito, pero muy sencillo, y los alojamientos disponibles ofrecen poco y cobran mucho (en comparación con otras zonas de Filipinas). Decir que está sobre-valorado sería una exageración, pero me gustaría que las personas que vayan me cuenten su experiencia y me den su opinión.

 

 

PORT BARTON

 

 

 

 

Port Barton es un atractivo turístico relativamente nuevo en Palawan. Un grupo empresario español comenzó a invertir en el lugar para potenciarlo, pero sigue siendo un pueblo de difícil acceso, ya que la ruta que llega a Port Barton está en proceso de construcción.

 

 

 

 

El pueblo es sumamente pequeño y acogedor: no tiene más que unas diez cuadras de largo y otras cuatro de ancho. Eso es todo. A diferencia de las playas de El Nido, las playas de Port Barton accesibles a pie son igual de cristalinas y “nadables” que las playas que se pueden visitar en los tours.

 

 

 

 

Sin embargo, la playa accesible a pie más atractiva de Port Barton es White Beach, que se encuentra a una hora de caminata por la selva de la playa principal. Difícilmente te cruces con algún turista en esta playa. Es imprescindible llevar comida, agua y repelente ya que esta playa es completamente virgen.

 

 

 

 

También se pueden realizar varios tours alrededor de Port Barton. La zona cuenta con arrecifes de coral gigantescos que forman bosques acuáticos de colores lisérgicos y con una innumerable cantidad de tortugas marinas de todos los tamaños.

La tranquilidad de Port Barton, sus atardeceres, sus calles de tierra y sus corales hacen de este destino un lugar ideal para aquellos que buscan relajarse lejos del bullicio de las ciudades. Es posible que dentro de algunos años eso se pierda. Cuando la ruta finalmente llegue a Port Barton aparecerán también hoteles de lujo y edificios, y junto con ellos, el turismo de masas. Mientras tanto y hasta entonces, Port Barton seguirá siendo un refugio para los amantes de lo auténtico.

 

 

CEBÚ

 

 

Desde Puerto Princesa tomamos un vuelo hacia la isla de Cebú, en las Bisayas Centrales, que tardó aproximadamente una hora y media (Cebú Pacific vuela por 50 USD y Air Asia tiene vuelos más económicos que pasan por Manila).

 

 

CIUDAD DE CEBÚ

 

 

 

 

Si leyeron la sección de Manila, no hay nada más que decir sobre la ciudad de Cebú. Lo importante es que tiene dos terminales de micros: una en el sur para dirigirse hacia el sur y otra en el norte para dirigirse hacia el norte. El resto, lo pueden deducir con estas fotos:

 

 

 

 

MALAPASCUA

 

 

 

 

Sin dudas, Malapascua fue la revelación de nuestro viaje por Filipinas. Para llegar a esta pequeña isla idílica hay que atravesar todo el norte de la isla de Cebú hasta llegar al límite costero, en el pueblo de Maya. Luego, desde el puerto de Maya, hay que tomar un bote que tarda aproximadamente una hora para llegar a Malapascua.

Malapascua tiene dos playas principales, una en el norte y otra en el sur. En la isla no hay autos, de modo que para moverse en la isla hay que caminar por sus senderos (que son muchos y no están marcados) o tomar una moto-taxi. La isla está repleta de gallos, ya que las peleas de gallos son un “deporte” nacional en Filipinas, junto con el básket y el vóley.

 

 

 

 

La mayoría de los visitantes de la isla vienen a ver al famoso tiburón zorro, por eso hay muchísimos centros de buceo en una isla que no tiene más de 10 km². La segunda atracción en importancia de la isla se encuentra a dos horas de navegación: la isla Kalanggaman.

Kalanggaman es una isla privada de menos de un kilómetro de largo. La excursión y la entrada a la isla no son baratas, pero valen cada peso filipino. Está rodeada de agua turquesa y formaciones de coral, y tiene algunas palmeras para refugiarse del calor. Sinceramente, es la playa más bonita a la que fui en mi vida. ¿No me creen? Miren…

 

 

 

 

Si querés saber más sobre Malapascua y Kalanggaman hacé click acá.

 

 

BANTAYÁN

 

 

 

 

Para llegar a Bantayán (desde Malapascua) hay que tomar un micro desde Maya hasta el puerto de Hagnaya que tarda aproximadamente dos horas. Desde el puerto de Hagnaya sale el ferry que cruza hasta la isla de Bantayán (1 hora aproximadamente).

En la isla de Bantayán nos alojamos en el sector más turístico de la isla: el barrio Santa Fe. Esta zona es muy tranquila, relativamente económica y cuenta con varios hostels y hoteles, y muchos restaurantes con comida de todas partes del mundo (griega, italiana, mexicana, india, etc.). Nos sentimos realmente a gusto en Santa Fe, como nos había pasado en Malapascua, lo cual reforzó nuestra teoría sobre la diferencia entre las ciudades y los pueblos filipinos.

 

 

 

 

Las playas de Bantayán, desafortunadamente, dependen mucho de la marea y de la luz solar. A la mañana, el agua suele estar más calma y retraída, mientras que a la tarde la marea sube y el agua se revuelve. Por eso, es recomendable madrugar para disfrutar de la playa y luego tomar algún trago o probar algún plato extraño en los mercados locales (consultá la sección Platos típicos para inspirarte).

 

 

 

 

En los alrededores de Santa Fe y en la isla en general, se pueden visitar varias playas. La playa principal de Santa Fe se llama Kota, una playa extensa de arena blanca y agua turquesa. También en Santa Fe, visitamos la playa Sugar (la continuación de Kota). Un poco más alejada se encuentra la playa Ogtong, a la cual se accede a través de un resort de lujo (que también tiene una cueva). Sin dudas, la mejor forma de recorrer esta isla es alquilando una moto, así que a ajustarse el casco y a explorar.

 

 

MOALBOAL

 

 

 

 

Moverse por Filipinas lleva tiempo y mucha paciencia. Para llegar a Moalboal desde el norte de la isla de Cebú, primero hay que llegar a la terminal de micros norte de la ciudad de Cebú, luego tomar un taxi hasta la terminal de micros sur, y desde ahí tomar un micro que vaya hasta Moalboal. Como nosotros lo hicimos en vísperas de un feriado, la terminal era un caos y la organización de la policía al menos ineficiente.

Moalboal es un pueblo costero muy agradable. Sus calles son angostas y circulan pocos autos. La zona turística se concentra sobre la playa principal, que tiene un atractivo realmente entretenido: los bancos de sardinas.

A unos pocos metros de la costa, el lecho marino desciende y las sardinas se acumulan en cardúmenes descomunales (acá encontrarás más información sobre nadar con sardinas en Moalboal). Honestamente, me podría haber pasado horas jugando con las sardinas: se arremolinan, se separan, se unen, suben, bajan, todo en sincronización perfecta, de manera casi inverosímil.

Es recomendable quedarse varios días en Moalboal, ya que resulta un buen punto de partida para recorrer todo el sur de la isla de Cebú. La playa más concurrida de Moalboal es White Beach, que se encuentra a media hora en moto del centro. Con su mar de tonalidades azules y turquesas, su arena fina blanca y sus palmeras, White Beach ofrece postales soñadas, como casi ninguna otra playa del sudeste asiático. Es, sin dudas, una visita imperdible.

 

 

 

 

También se puede contratar una excursión que te lleva a visitar la Isla Pescador, una pequeña isla deshabitada rodeada de plataformas coralinas, excelente para realizar snorkel y buceopeces de todos los colores del arco iris, medusas, tortugas marinas y hasta serpientes marinas.

Si querés saber más sobre Moalboal, hacé click acá.

 

 

SUR DE CEBÚ

 

 

La naturaleza en el sur de la isla de Cebú no dejó de impactarme: cada lugar superaba al anterior. Saliendo desde Moalboal y volviendo en el día, visitamos tres destinos: la playa de Lambug, las cascadas de Kawasan y el centro de visitantes del tiburón ballena en Oslob.

 

 

LAMBUG

 

 

 

 

Para llegar a Lambug, hay que tomar uno de los tantos micros que pasan frecuentemente por la ruta que rodea toda la isla hacia el sur y bajar en la intersección de la ruta que está a la altura de la playa. Desde allí, hay que negociar un tuk-tuk o una moto para llegar a la playa, que se encuentra a aproximadamente 20 minutos.

Lambug es el destino ideal para los viajeros que quieren evitar las multitudes: cuando llegamos a la playa no había ni un solo turista. La calma solo fue interrumpida cuando tres niños locales se pusieron a chapotear cerca nuestra para llamar la atención durante una hora. A unos 30 metros de la costa, el fondo del mar se llena de vida: las formaciones coralinas van aumentando en cantidad, tamaño y variedad, hasta que llegan a un corte en el lecho marino que baja abruptamente, como si fuera una pared grabada por la mano de un artista sub-acuático. Fuera de eso, solo arena fina, un mar turquesa sin olas y la paz que brinda el sonido calmo de la naturaleza.

 

 

 

 

Cuando se nos acabaron las provisiones que habíamos llevado, miramos a nuestro alrededor y solo pudimos encontrar a locales cantando karaoke con todas sus fuerzas. Una señora que estaba lavando la ropa nos preguntó si buscábamos algo: comida, respondimos. Sin perder un minuto nos armó un menú básico y por unos pocos pesos filipinos tuvimos un almuerzo sensacional completamente solos en una playa vacía. Fuimos con muchas dudas a Lambug, ya que no encontrábamos muchos reportes del lugar, pero nos sorprendió gratamente. Tanto es así, que es una de las playas que más recomiendo en todo Filipinas.

 

 

 

 

CASCADAS KAWASAN

 

 

 

 

Para llegar a las cascadas Kawasan hay que tomar un micro que recorre la ruta que bordea la isla de Cebú hacia el sur. Desde Moalboal, se llega en aproximadamente una hora y media. Estas cascadas conforman uno de los atractivos más característicos de la variopinta isla de Cebú. Sin embargo, no son las únicas: todo el sur de Cebú está repleto de cascadas y saltos.

 

 

 

 

Cuando llegamos al lugar, luego de caminar por un sendero selvático de unos pocos kilómetros, las cascadas Kawasan aparecieron frente a nosotros y no pudimos dejar de notar un detalle: el color de agua es de un tono turquesa muy intenso. Tanto es así que pareciera que el agua es radioactiva o que la luz está iluminada desde abajo. Pero no, es su color natural.

 

 

 

 

Lamentamos un poco toda la parafernalia que se montó alrededor del lugar para recibir turistas (restaurante, hotel, bar, una balsa para llegar hasta abajo de la cascada, mesas y sillas), ya que nos imaginábamos ese lugar virgen, sin sombrillas, sin nadie queriéndote cobrar por sentarte en una mesa destartalada a comer un sándwich. La cascada en sí misma es imponente y realmente se destaca y llama la atención. El circo que los filipinos montaron a su alrededor es innecesario y le quita un poco de su encanto salvaje.

 

 

CENTRO DE VISITANTES DEL TIBURÓN BALLENA – OSLOB

 

 

 

 

Cuando me enteré que en Filipinas se podía hacer snorkel con tiburones ballena, no lo dudé ni un segundo. Después de haber nadado con tiburones de arrecife en las Islas Perhentian y en la Isla de Komodo quedé fascinado con este animal, con su elegante forma de nadar, con su velocidad y con su mirada.

Ya cerca de la fecha pactada, me dediqué a investigar más sobre el avistamiento de tiburones ballena en Oslob. Hace algunos años, los pescadores de la zona de Oslob notaron que los tiburones ballena merodeaban el área de pesca en busca de los resabios y las sobras que los pescadores arrojaban al agua. Frente a esta situación, creyeron que podían sacar provecho de ello y comenzaron a alimentar a los animales para que se quedaran en esa zona. Esto sin dudas afecta la dieta de los animales, su ciclo de reproducción y sus migraciones.

Una vez que nos enteramos de esto tuvimos que decidir qué hacer: contribuir a un negocio dañino para la naturaleza, que viola todas las normas del turismo responsable, o despedirnos de nuestros enormes amigos marinos y seguir rumbo hacia otro destino.

No me enorgullezco de nuestra decisión, pero realmente queríamos conocer a estas adorables criaturas de cerca. Fue una experiencia realmente inolvidable; contradictoria, sin dudas, pero inolvidable: los tiburones ballena son animales admirables. Su tamaño es completamente descomunal y en algunos casos llegan a medir más de 12 metros de largo; su mirada puede llegar a enternecer hasta al más desalmado ser humano; sus movimientos, lentos pero seguros, son más dignos de un ave que de un pez que pesa alrededor de 20 toneladas.

 

 

 

 

Recomiendo fervorosamente a todos los viajeros que no visiten el Centro de visitantes del tiburón ballena en Oslob. No repitan nuestro acto de egoísmo. Se pueden avistar tiburones ballena en muchos lugares de Filipinas y del sudeste asiático, entonces, con una buena organización, se puede llegar a acceder a una experiencia mucho más natural y menos dañina para la fauna filipina.

 

 

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